Barcelona acoge una exposición sobre el ideal femenino de Renoir

Barcelona acoge una exposición sobre el ideal femenino de Renoir

Publicado hace

9 meses

Por:

Ahora que por fin estoy tranquila, que gracias a los profesionales especializados del despacho de abogados Durán y Durán he conseguido superar un caso de acosa sexual en el trabajo, voy a cogerme unos días de asueto antes de volver a buscar un empleo donde me sienta a gusto, necesito oxigenarme y volver a cargar las pilas, limpiar la mente y coger esta nueva etapa con las ganas que me había anulado este jefe. Y la pintura es lo que más me gusta, especialmente en universo Renoir. Y quiero aprovechar mi tiempo libre para escribir una reseña sobre una exposición que no os podéis perder en Barcelona sobre el ideal femenino de Renoir.

Y es que del 17 de septiembre de este año al 8 de enero del siguiente, justo después de las fiestas de Navidad, podrá visitarse en la sala de exposiciones Casa Garriga i Nogués (Calle Diputació, 250) Renoir entre mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico. Colecciones de los museos d’Orsay y de l’Orangerie. La muestra incluye alrededor de 70 piezas y presenta una evolución de la obra de Renoir desde un punto de vista nuevo, basado en las distintas interpretaciones de la imagen femenina a través de su producción artística.

El proyecto desvela cómo la representación de la figura femenina se desarrolla de forma paralela a la trayectoria artística del pintor y, de este modo, el espectador asume una visión completa de la evolución del ideario femenino: el protagonismo de la parisina moderna en sus lienzos impresionistas, la visión más intimista de la imagen maternal y la belleza intemporal del desnudo integrado en la naturaleza, tan característico de sus últimos años.

Exposición subraya el valor del conjunto artístico del pintor francés y permite hacer un recorrido por toda su trayectoria, acompañándola de la obra de algunos autores coetáneos. Renoir se rodeó de mujeres en vida y reflejó a través del pincel la delicadeza, la sensibilidad y la voluptuosidad de las figuras. Si se tiene en cuenta el conjunto de su obra, es preciso señalar (tal y como ya hicieron muchos críticos contemporáneos al artista) que Renoir se erigió como el pintor de la mujer.

La propuesta que representa esta exposición encierra, además, un significado  catalán muy especial: hace prácticamente un siglo, el 23 de abril de 1917, se inauguraba en el Palacio de Bellas Artes de la capital catalana una muestra que, bajo el título  Exposición de arte francés y promovida por Ramón Casas, Santiago Rusiñol y otros artistas catalanes, presentaba en Barcelona casi 1.500 obras de los grandes artistas franceses de entonces: Cèzanne, Degas, Manet, Monet, Morisot, Pisarro Puvis de Chavannes, Renoir y Sisley. La finalidad del evento era mostrar la importancia del arte francés surgido desde el último tercio del siglo XIX.

Cien años después tenemos en Barcelona la oportunidad de contemplar de nuevo este icono del movimiento impresionista y de la pintura de nuestro tiempo en general.

Aprovechando este retorno del Bal du Moulin de la Galette, la muestra también rinde homenaje a los pintores catalanes que vivieron y trabajaron en París a finales del siglo XIX, que también llevaron a sus lienzos aquel mítico rincón de Montmartre y cuyas obras, sobre todo, fueron una aportación esencial en la renovación que en aquellos años experimentó el panorama artístico nacional. Con este motivo se han incluido obras de Santiago Rusiñol, Ramón Casas, Carles Casagemas y Manuel Feliú de Lemus, cedidas por otros coleccionistas e instituciones que han querido así sumarse generosamente a este  proyecto, pensado específicamente para Barcelona.

Cómo se organiza la exposición

A lo largo de su dilatada carrera, Pierre-Auguste Renoir (Limoges 1841, Cagnes-sur-Mer 1919) pintó a su esposa, a sus amantes, a sus amigas. También a modelos profesionales, a muchachas de la calle, a actrices y a grandes burguesas. Renoir es una de las figuras clave del Impresionismo, movimiento artístico en el que colabora durante las primeras exposiciones organizadas a partir de 1874. Alrededor de 1880, el pintor experimenta una crisis artística que le lleva a cuestionar, y finalmente abandonar, los postulados impresionistas. Su viaje a Italia entre 1881 y 1882 supone un punto de inflexión en su carrera. La contemplación de los maestros italianos marca profundamente su obra y, especialmente, Rafael, Ingres y los pintores venecianos de siglo XVI. Su trabajo evoluciona gracias a una búsqueda continua de lo que él consideraba la pintura auténtica, así como a través del conflicto constante entre la preponderancia del dibujo o del color y de la pintura al aire libre o en el estudio.

Así, la exposición se organiza en diez secciones en las que se presentan los diferentes modelos femeninos: desde las parisinas de los años setenta, que le reportaron cierto éxito como retratista, a las muchachas que disfrutan en el Bal du Moulin de la Galette [Baile en el Moulin de la Galette] (1876), algunas de ellas amigas de Renoir y pintadas en Montmartre. Este periodo se caracteriza porque sus retratos se alejan de los cánones academicistas y forjan la imagen de la parisina moderna.