Descubriendo fraudes alimentarios

Descubriendo fraudes alimentarios

Publicado hace

3 semanas

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“Harta” no es la palabra de busco pero tampoco sé que palabra describiría mejor mis sentimientos: estoy cansada de que me tomen el pelo, de que me vendan “churras por merinas” y cabreada porque no hay ninguna entidad pública que nos proteja.

Hasta ahora no he podido hablar porque todo estaba en manos de abogados, pero ahora que se ha resuelto todo puedo contaros todo con mediana libertad. Una gran superficie me vendió un kilo de naranjas que, aparentemente, estaban buenísimas. Bien grandes, con un color y una piel estupendas, y olían a kilómetros de distancia. Pero tenían esa apariencia porque estaban adulteradas para ello, y los químicos que utilizaron los agricultores destrozaron mi flora intestinal. Estuve en el hospital con una gastrointeritis de caballo y supe que era culpa de las naranjas porque las tomé en zumo aquella mañana y no había tomado nada más. Mi marido llevó una al laboratorio del hospital y la analizaron de arriba abajo por si había que dar la voz de alarma, sin embargo, no fue necesario, porque todos los productos que utilizaron en su cultivo están permitidos. Ahora bien, mi cuerpo no tolera las altas cantidades que contenían esas naranjas y me hicieron varias pruebas para demostrarlo.

Una semana después salí del hospital y me fui directa, sin pensármelo dos veces, a hablar con este abogado especialista en reclamaciones a consumo quien me dio la razón y me dijo que esas naranjas, con un grado tan alto de químicos, no deberían anunciarse en el supermercado como naranjas ecológicas… PORQUE SÍ, compré las naranjas en el espacio destinado a productos ecológicos.

Me parece indignante que puedan mentirnos y engañarnos de una manera tan escandalosa. Si te pones a buscar información sobre los productos que compramos te entran ganas de dejar de comer:

  • El azúcar moreno Acor de Mercadona, es azúcar blanco tintado.
  • Hamburguesas vendidas como de buey que son 100% de carne de caballo.
  • Caracoles de Borgoña criados en Chernóbil, vaciados y secados a la intemperie en Turquía.
  • Queso fundido solo con un 5% de origen mezclado con agua, queso artifical, proteína láctea, etc., y con guindilla y especias indias por doquier mezcladas y trituradas con excrementos, cadáveres y pelos de ratón.
  • Té ecológico de Ceilán aromatizado con cítrico al extracto de pesticidas cuestionados.

Y esto sólo son unos pocos ejemplos

No puedo cambiar las leyes que regulan los productos alimenticios que se venden en la Unión Europea ni en España, al menos no yo sola, pero si puedo intentar evitarlos. Ahora compro naranjas y mandarinas que vienen a mi casa directas, del árbol a la mesa, en Naranjas al Día, una cooperativa de agricultores valencianos que se han saltado los canales de distribución convencionales para llegar directamente al consumidor final y cuyos cultivos sí son 100% ecológicos.

Como ellos, hay otros muchos agricultores que han tomado esta decisión, lo que ocurre es que a veces no llegan a todas las ciudades, por eso es imposible evitar totalmente la compra en supermercados y grandes superficies, aunque cada día encuentro nuevos empresarios que me traen diversas verduras y frutas desde el campo hasta mi despensa.  Ellos responden directamente por el producto que llega hasta tu casa y eso me aporta mayor seguridad.

Otros fraudes

Para empezar, para prolongar la vida útil de un alimento y hacerlo más apetecible, los fabricantes abusan de colorantes y aditivos que, aunque no están prohibidos por la legislación española, no deben ser utilizados en exceso. Los utilizados en los productos elaborados a la venta en España están permitidos por nuestras leyes y tampoco podemos evitar su consumo, pero sí hacerlo en pequeñas cantidades si recurrimos a una alimentación lo más natural posible.

Los expertos señalan que la adulteración es más frecuente especialmente en algunos productos de uso habitual que han sido analizados en diferentes laboratorios. Entre ellos, podemos destacar:

-Aceite. Se mezcla el de oliva (de gran calidad) con otros de menor precio (cacahuete o avellana) y se vende como si fuera puro. No supone un daño grave a nuestra salud, pero sí al bolsillo porque pagamos cacahuetes como olivas

-Especias. Se presentan alteraciones en las más costosas. El azafrán puro es muy caro, por lo que se utilizan óxido o cromato de plomo como adulterantes. Pueden resultar peligrosos para la salud porque son tóxicos

-Café. Aunque no sea un producto muy caro, se falsifica el origen y método de elaboración (para incrementar su precio) porque hay determinadas denominaciones que tienen mejor fama que otros. En ocasiones se pueden encontrar restos de sustancias no permitidas que no suelen ser demasiado peligrosas para la salud, pero no pueden aparecer en él

-Leche. Se han encontrado varios adulterantes diferentes entre los que podemos señalar el suero, la proteína de la leche, caña de azúcar o melamina (sustancia que se utiliza para alterar el contenido de proteínas de los alimentos y se emplea en diversos productos elaborados). No plantean un problema de toxicidad grave

-Zumos envasados. Se han encontrado otras frutas diferentes de las etiquetadas, mezclas variadas, jarabes de maíz, extractos de flores, endulzantes, etc. El mayor problema es que no sea el zumo de la fruta que crees que has comprado o que sea una mezcla extraña que no deseas. No presenta toxicidad pero no estarías bebiendo lo que has comprado

-Miel. Se venden productos elaborados a partir de mezclas de azúcares y que contienen antibióticos, metales pesados o pesticidas, cuya composición está muy alejada de la que la legislación indica para que el producto pueda ser llamado miel

-Carne picada de ternera. Ha habido mucha polémica y sigue existiendo el temor a que lo que compramos no sea lo que queremos. Los diferentes preparados pueden contener otro tipo de carne (como ocurrió con la de caballo) de menor calidad, colágeno, grasas, aglutinantes, sulfitos, etc… y no ofrecen garantías sanitarias e higiénicas adecuadas. Causa muchos problemas la presencia de alérgenos que provocan reacciones adversas a los consumidores susceptibles

Y digo yo… ¿ahora, qué comemos?