Cuando empezamos a hacer deporte, solemos preocuparnos por cuestiones como encontrar una actividad que nos guste, organizar nuestros horarios o conseguir mantener una cierta constancia. Sin embargo, hay otro aspecto que en ocasiones dejamos en segundo plano y que puede influir bastante en nuestra experiencia, la ropa que utilizamos. Entrenar con una camiseta, un pantalón o unas zapatillas adecuadas puede ayudarnos a movernos con mayor comodidad y evitar algunas de esas pequeñas molestias que terminan distrayéndonos mientras hacemos ejercicio.
Esto no significa que necesitemos llenar el armario de prendas deportivas ni comprar el equipamiento más caro para poder empezar. En muchas ocasiones resulta mucho más importante saber qué necesitamos realmente para la actividad que vamos a practicar. No requiere la misma ropa una persona que sale a correr durante el invierno que alguien que entrena en un gimnasio, juega al fútbol o realiza una actividad tranquila en interior. El entorno, la intensidad, nuestros movimientos y las condiciones meteorológicas pueden cambiar bastante aquello que nos conviene utilizar.
La ropa deportiva funciona mejor cuando prácticamente dejamos de pensar en ella durante el entrenamiento. Si tenemos que subirnos continuamente el pantalón, recolocar una camiseta, soportar una prenda empapada de sudor o sentimos que algo limita nuestros movimientos, probablemente no hemos elegido la opción más apropiada. Estar bien equipado no debería entenderse como una cuestión de moda, sino como una manera de conseguir que nuestra ropa acompañe al cuerpo mientras nos movemos.
No toda la ropa funciona igual cuando empezamos a movernos
Podemos tener una camiseta que nos resulte muy cómoda para pasar una tarde en casa y descubrir que deja de serlo en cuanto comenzamos a correr. La razón es sencilla. Cuando hacemos ejercicio nuestro cuerpo genera calor, sudamos y realizamos movimientos que pueden repetirse cientos o miles de veces durante una sesión. Una pequeña costura que normalmente ni siquiera notamos puede empezar a rozarnos, mientras que una prenda que absorbe demasiada humedad puede terminar resultando pesada e incómoda.
MedlinePlus señala que, al elegir ropa para hacer ejercicio, conviene prestar atención tanto al tejido como al ajuste y recomienda materiales que ayuden a alejar el sudor de la piel y se sequen rápidamente. También recuerda que la ropa debe permitirnos movernos con facilidad y no debería engancharse en los aparatos ni dificultar nuestra actividad. Son cuestiones bastante sencillas, pero explican por qué la ropa que utilizamos habitualmente no siempre es la más apropiada para entrenar.
La comodidad tampoco significa exactamente lo mismo para todas las actividades. Podemos preferir una camiseta relativamente holgada para determinados entrenamientos y necesitar una prenda más ajustada para montar en bicicleta. Lo importante es que la ropa responda a los movimientos que vamos a realizar. Antes de comprar una prenda deportiva, por tanto, puede resultar más útil preguntarnos para qué vamos a utilizarla que dejarnos llevar únicamente por su diseño.
Los tejidos pueden cambiar bastante nuestra sensación durante el ejercicio
Uno de los aspectos que más ha evolucionado en la ropa deportiva son los tejidos. Actualmente encontramos materiales ligeros, elásticos y preparados para gestionar mejor la humedad generada durante la actividad física. Esto resulta especialmente interesante cuando realizamos entrenamientos intensos o de larga duración, ya que una camiseta que permanece completamente húmeda puede terminar resultando bastante incómoda.
La capacidad para gestionar el sudor es precisamente una de las características que podemos valorar. Algunos tejidos están diseñados para trasladar la humedad hacia la superficie exterior de la prenda y favorecer un secado más rápido. El algodón, aunque puede resultar agradable en muchas situaciones cotidianas y en ejercicios de intensidad reducida, absorbe la humedad y tarda más en secarse, por lo que puede no ser la opción más cómoda cuando sabemos que vamos a sudar bastante.
Tampoco debemos convertir esta cuestión en una búsqueda obsesiva del tejido perfecto. Una persona que realiza una actividad suave puede sentirse perfectamente cómoda con prendas que quizá no elegiría alguien que corre diez kilómetros. Nuestra experiencia también cuenta. Si terminamos los entrenamientos con la sensación de que una camiseta pesa demasiado, permanece húmeda durante mucho tiempo o nos produce rozaduras, probablemente tengamos una pista bastante clara de que podemos buscar otra alternativa.
La libertad de movimiento debería ser una prioridad
Hacer una sentadilla, levantar los brazos, correr, saltar o pedalear requiere movimientos diferentes. Por eso una prenda puede funcionar perfectamente para una actividad y resultar incómoda para otra. El diseño y el ajuste deberían permitir que nuestro cuerpo se mueva sin encontrarse constantemente con la resistencia de la ropa.
Una prenda demasiado ajustada puede limitar algunos movimientos si no dispone de la elasticidad adecuada, mientras que una demasiado amplia puede moverse constantemente o incluso engancharse en determinados aparatos. Aquí encontramos una de las razones por las que existen prendas específicamente diseñadas para diferentes deportes. No se trata únicamente de una cuestión estética, ya que el corte, la longitud, las costuras y la elasticidad pueden adaptarse a los movimientos habituales de cada disciplina.
Antes de elegir podemos hacer algo tan sencillo como movernos con la prenda puesta. Levantar los brazos, flexionar las piernas o realizar algunos movimientos similares a los que haremos durante el entrenamiento puede ayudarnos a detectar si algo nos incomoda. Puede parecer un detalle pequeño cuando estamos en una tienda o nos probamos la ropa en casa, pero después de una hora haciendo ejercicio esa pequeña incomodidad puede convertirse en una distracción constante.
El calzado merece una atención especial
Si hay una parte de nuestro equipamiento que deberíamos elegir con especial cuidado es probablemente el calzado. Nuestros pies soportan una parte importante de las exigencias del ejercicio y las necesidades pueden cambiar considerablemente dependiendo del deporte. Una zapatilla para correr está diseñada pensando en movimientos diferentes a los de un entrenamiento de fuerza, mientras que deportes practicados sobre superficies concretas pueden necesitar características específicas.
No significa que necesitemos unas zapatillas diferentes para cada actividad ocasional que realicemos, pero sí conviene tener en cuenta cuál es nuestro deporte principal y qué movimientos realizamos con mayor frecuencia. El calzado debería adaptarse a las características de la actividad, ya que no necesitamos exactamente lo mismo para correr, entrenar en un gimnasio o practicar un deporte de equipo. También debemos prestar atención a la talla, el ajuste y, sobre todo, a las sensaciones que tenemos al utilizar las zapatillas durante el ejercicio.
Además, no deberíamos esperar necesariamente a que unas zapatillas estén completamente destrozadas para plantearnos sustituirlas. El desgaste de la suela, la pérdida de determinadas propiedades o la aparición frecuente de molestias pueden indicarnos que ha llegado el momento de revisar nuestro calzado. Personalmente, me parece una de las partes del equipamiento donde tiene más sentido prestar atención a la funcionalidad antes que al aspecto, aunque evidentemente podemos buscar unas zapatillas que también nos gusten.
Cada deporte puede necesitar un equipamiento diferente
Cuando hablamos de ropa deportiva estamos agrupando bajo el mismo nombre prendas que pueden tener funciones bastante diferentes. Un futbolista necesita equiparse de una manera distinta a una persona que practica pádel, baloncesto, running o entrenamiento en gimnasio. Incluso dentro de un mismo deporte pueden cambiar nuestras necesidades dependiendo de si entrenamos en interior o exterior, de la época del año y de la intensidad con la que practicamos.
Desde la web de CompraDeporte destacan la variedad de prendas y complementos que podemos encontrar para diferentes disciplinas deportivas, algo que nos ayuda a entender por qué no existe una única forma de vestirnos para hacer ejercicio. Camisetas, pantalones, sudaderas, chaquetas y otros elementos pueden elegirse teniendo en cuenta el deporte que practicamos y las condiciones en las que vamos a utilizar el equipamiento.
Antes de preparar nuestra ropa podemos prestar atención a cuestiones como:
- El tipo de deporte que vamos a practicar
- La intensidad y duración aproximada del entrenamiento
- La temperatura y las condiciones meteorológicas
- La libertad de movimiento que necesitamos
- La capacidad de las prendas para gestionar el sudor
- El tipo de calzado adecuado para la actividad
- Los elementos de protección que pueda requerir el deporte
- Nuestra propia comodidad al utilizar cada prenda
No tenemos que convertir esta comprobación en un ritual antes de cada entrenamiento. Una vez conocemos nuestra actividad resulta bastante sencillo identificar qué prendas funcionan mejor y cuáles preferimos evitar. La clave está en entender que estar bien equipado no significa llevar muchas cosas, sino disponer de aquellas que realmente necesitamos.
Hacer deporte al aire libre obliga a pensar también en el tiempo
Entrenar en un gimnasio nos permite hacerlo dentro de un ambiente relativamente estable, pero cuando salimos al exterior aparecen nuevas variables. Temperatura, viento, lluvia, humedad y exposición solar pueden modificar completamente nuestras necesidades. La camiseta que resulta perfecta para correr una tarde de primavera puede no ser suficiente durante una mañana fría de enero.
Cuando las temperaturas son bajas, una de las estrategias habituales consiste en utilizar diferentes capas que podamos adaptar a medida que cambia nuestra temperatura corporal. El Consejo Superior de Deportes recomienda utilizar varias capas durante la práctica deportiva con frío para poder ponerlas o quitarlas dependiendo de las necesidades y también aconseja comprobar previamente las condiciones meteorológicas. La ventaja de este sistema es que no dependemos de una única prenda muy gruesa y podemos ir adaptándonos durante la actividad.
Con el calor ocurre prácticamente lo contrario. En esos casos buscamos prendas ligeras y transpirables que nos permitan entrenar con mayor comodidad y ayuden a gestionar mejor el sudor. También debemos tener en cuenta la exposición al sol cuando hacemos deporte al aire libre, especialmente durante las horas de mayor intensidad. Utilizar ropa adecuada, proteger la cabeza con una gorra, llevar gafas de sol cuando sea necesario y proteger las zonas de piel expuestas son algunas medidas que podemos incorporar a nuestra rutina. Vestirnos para hacer deporte, por tanto, también significa adaptarnos al entorno y a las condiciones en las que vamos a movernos.
La ropa más cara no tiene por qué ser la que más necesitamos
El mercado de la ropa deportiva es enorme y podemos encontrar prendas con precios muy diferentes. Hay camisetas básicas y otras con tecnologías específicas, zapatillas sencillas y modelos de precios considerablemente superiores. Ante tanta variedad podemos caer fácilmente en la idea de que cuanto más gastemos, mejor equipados estaremos, pero la realidad no siempre funciona de esa manera.
Una persona que acaba de empezar a entrenar dos días por semana probablemente tenga unas necesidades diferentes a las de alguien que prepara una competición o practica deporte casi todos los días. Antes de gastar dinero podemos identificar qué aspectos nos resultan realmente importantes. Quizá necesitemos invertir algo más en unas buenas zapatillas y podamos utilizar camisetas mucho más sencillas, o puede ocurrir que nuestro deporte requiera determinadas prendas específicas mientras otros elementos apenas tengan importancia.
También podemos construir nuestro equipamiento poco a poco. No hace falta comprar cinco conjuntos completos antes de nuestro primer entrenamiento. Podemos empezar con lo necesario, comprobar qué nos resulta cómodo y añadir prendas cuando realmente sepamos qué necesitamos. De esta manera evitamos llenar el armario de ropa deportiva que utilizamos dos veces y después descubrimos que no se adapta bien a nuestra manera de entrenar.
Estar bien equipado también consiste en conocernos
Después de probar diferentes prendas terminamos desarrollando nuestras propias preferencias. Hay personas que no soportan entrenar con ropa demasiado ajustada, mientras que otras prefieren sentir que las prendas permanecen siempre en su sitio. Algunos deportistas dan mucha importancia a la ligereza y otros necesitan sentirse especialmente protegidos frente al frío. Siempre que la ropa sea adecuada para la actividad y nos permita movernos correctamente, estas preferencias personales también tienen importancia.
Además, nuestras necesidades pueden cambiar. Podemos empezar caminando y terminar aficionándonos al running, pasar de entrenar únicamente en un gimnasio a salir al exterior o descubrir un deporte completamente diferente. Nuestro equipamiento debería evolucionar de la misma manera. No existe un armario deportivo definitivo que funcione exactamente igual para todo lo que hagamos durante años.
Al final, estar bien equipado para hacer deporte no consiste en vestir como un profesional ni en comprar cada novedad que aparezca. Significa elegir prendas que permitan movernos cómodamente, gestionar razonablemente el sudor, adaptarnos a la temperatura y utilizar un calzado apropiado para nuestra actividad. Cuando conseguimos todo eso, la ropa deja de ser una preocupación y podemos concentrarnos en lo verdaderamente importante, movernos, disfrutar del entrenamiento y conseguir que el deporte forme parte de nuestra rutina.

