El boom de las fiestas temáticas

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Hay momentos en los que me pongo a hablar con alguien sobre planes para el fin de semana y, casi sin darme cuenta, acabamos comentando alguna fiesta temática. Antes parecía algo más puntual, pero ahora están por todas partes.

Lo curioso es que solo necesitamos que un grupo quiera divertirse para organizarla. Al final, da igual si a alguien la temática le pega más o menos: lo importante es el ambiente que se genera.

 

En nuestro país hay fiestas temáticas por todas partes

En nuestro país han aparecido celebraciones temáticas por todas partes, solo tienes que mirar a tu alrededor o ir a una ciudad aleatoria para darte cuenta.

Las ciudades grandes llevan ventaja, pero incluso en pueblos pequeños empiezan a surgir fiestas que antes no existían. Si alguien anuncia un cumpleaños ambientado en una película concreta, la noticia corre rápido. Si un local organiza una noche con un tema curioso, se llena. Si un colegio monta un día especial con disfraces sobre profesiones, los niños lo viven como si fuera una aventura. Y los padres también, aunque no siempre lo admitan.

 

Este crecimiento tiene una razón muy simple

A la gente le encanta sentir que la vida es emocionante, y no tan aburrida. La vida ya es demasiado aburrida con tanta rutina de trabajo y de familia como para complicarla nosotros más, ¿no te parece? Por eso no me sorprende que hayan empezado a multiplicarse: entre redes sociales, grupos de amigos y ganas de pasarlo bien, todo se junta para que este tipo de celebraciones encajen perfectamente.

Además, cada vez hay más variación en los temas. Antes era todo más parecido: disfraces clásicos, personajes conocidos y poco más. Ahora, aparece de todo: d’esde fiestas de “oficina del futuro” hasta celebraciones de “televisión de los 2000”. También he visto temas tan específicos que me dan ganas de preguntar cómo surgieron. Y lo mejor es que la gente se anima, sin pensar demasiado si la idea es rara o no. Mientras sea divertida, vale.

 

Todo esto también ha cambiado cómo vemos los disfraces

Antes era algo que usabas una vez al año y ya está. Ahora, mucha gente tiene varios porque sabe que los va a volver a usar. Yo, por ejemplo, tengo varias de carnavales y Halloween en el armario.

Todo eso ha hecho que cada vez se busquen disfraces más originales, no solo para llamar la atención, sino para encajar bien en el tema que toque en esa fiesta en concreto. Cuando el plan pide algo concreto, el grupo entero se anima a cuadrarlo.

Y no pasa solo entre personas jóvenes: hay familias enteras que se disfrazan, bares que montan noches temáticas para todo tipo de edades, reuniones de trabajo que usan un tema sencillo para que el ambiente sea más relajado e incluso despedidas de soltero que ya no siguen lo de siempre.

Parece que hemos decidido que una fiesta temática es una excusa perfecta para hacer algo distinto sin tener que montar un lío enorme.

 

Disfraces para todos

Antes, la mayoría buscaba algo práctico o algo clásico que pudiera servir en varios momentos. Ahora, en cambio, cada celebración invita a que el disfraz encaje con el tema exacto, y eso ha hecho que la búsqueda sea distinta.

Hoy en día, lo que más se pide es variedad. Las personas quieren opciones rápidas y claras.

  • Si la fiesta es de los años 80, se busca algo que encaje en ese estilo sin volverse loco.
  • Si es de personajes de un videojuego, se quiere algo reconocible.
  • Si es de colores, se elige algo sencillo. No hace falta complicarse, pero tampoco se quiere repetir lo mismo que ya se ha visto mil veces.

 

También noto que hay mucha más participación grupal

Antes, cada uno se apañaba por su cuenta. Ahora, resulta muy normal que un grupo entero coordine sus disfraces para que quede una foto divertida. Y aunque no lo digan, a todos les hace ilusión que el resultado sea bueno. Incluso en celebraciones pequeñas, como una cena entre amigos, la gente quiere algo que encaje bien. No se conforman con cualquier cosa.

Otro cambio evidente es que ahora muchos prefieren disfraces más cómodos. Ya no vale eso de sufrir todo el día por un traje incómodo, la gente quiere algo que pueda ponerse sin pelearse con las cremalleras ni pasar calor o frío, y esto ha hecho que en las tiendas y negocios de disfraces también haya cambios. He visto cómo, en general, ofrecen más modelos con materiales más prácticos y con tallas variadas para que nadie se quede fuera.

En medio de todo esto, también he notado que la improvisación sigue ahí. Hay celebraciones donde la gente hace su propio disfraz con lo que tiene en casa, o mezcla prendas para lograr algo parecido, y eso también forma parte de la gracia. No siempre se necesita un traje perfecto, lo importante es encajar en el ambiente. Pero aun así, cada vez más personas prefieren comprar algo listo para usar, porque les ahorra tiempo y les permite centrarse en disfrutar.

Y aunque no sea una tendencia enorme, he visto que algunas personas buscan disfraces que les recuerdan cosas de su infancia o de momentos concretos. Le da un punto personal que hace que la experiencia sea más divertida.

Pero lo más común sigue siendo lo práctico: algo rápido, calentito –o fresquito– y fácil de poner.

 

El efecto social de las fiestas temáticas

Este tipo de celebraciones cambia la forma de relacionarnos. Cuando todo el mundo está disfrazado, se baja un poco la tensión del ambiente. La gente habla más, se relaja, se ríe de detalles tontos y se siente más cómoda. A veces incluso se nota que quienes suelen ser más tímidos se sueltan un poco cuando llevan un disfraz.

Además, las fiestas temáticas hacen que grupos distintos se mezclen con más facilidad. Un tema común sirve como punto de conversación. Es una forma sencilla de conectar sin necesidad de buscar un tema complicado, y creo que esto es una de las razones por las que se han popularizado tanto. Hoy es muy difícil romper el hielo, hablar con la gente… y compartir un disfraz hace que todo sea más natural.

Otro aspecto curioso es la cantidad de recuerdos que generan. Muchos grupos tienen un montón de fotos de celebraciones de este tipo y, aunque a veces da vergüenza verlas después, también producen mucha gracia. Incluso he visto cómo algunas personas guardan ciertos elementos de sus disfraces porque les traen buenos recuerdos de un día concreto.

Y por supuesto, a nivel económico tiene su impacto. Más fiestas significa más actividad en tiendas, locales, empresas pequeñas que venden accesorios, talleres donde se hacen trajes personalizados… Todo esto forma parte del ecosistema que rodea el boom.

 

Detalles prácticos que hacen que una fiesta temática funcione

Este tipo de celebraciones pueden parecer improvisadas, pero hay detalles que marcan la diferencia. Cuando hablo con gente que organiza fiestas temáticas, casi siempre coinciden en lo mismo: lo importante es que el tema sea claro y fácil de seguir. No sirve de mucho elegir un tema tan complicado que nadie sepa qué ponerse.

Otro punto clave es que el ambiente acompañe un poco. No hace falta decorar cada esquina, pero unos detalles concretos ayudan a que la gente se meta en el plan. Pero sin exagerar, las fiestas temáticas funcionan mejor cuando lo importante es convivir, no montar un espectáculo. Y por supuesto, elegir un tema que guste al grupo. Eso casi garantiza el buen ambiente.

La casa de los disfraces, por ejemplo, que es una tienda que vende todo tipo de disfraces para cualquier temática, nos aconseja lo siguiente: “Cuando elijas un disfraz para una fiesta temática, piensa primero en lo cómodo que te resultará. Si puedes moverte bien, vas a disfrutar mucho más del plan, aunque el diseño sea sencillo.”

 

Como ves, es un tema de actualidad cada vez más presente en nuestras vidas

La verdad es que la gente está tan cansada de fiestas aburridas, repetitivas y de cosas sin sentido que cada vez quiere divertirse más, y esta es una buena forma de hacerlo, porque no requiere demasiada preparación y permite que gente muy distinta se conecte sin esfuerzo. También ayuda a que los grupos tengan momentos especiales sin necesidad de gastar demasiado.

Lo mejor es que este tipo de fiestas se han convertido en algo natural. Ya nadie se sorprende si un amigo propone una fiesta temática, nadie pregunta por qué, simplemente se prepara el disfraz, se comparte la idea y se disfruta. Y creo que eso dice mucho de cómo queremos vivir ciertas cosas: sin vueltas, sin complicarnos, pero buscando momentos que nos hagan reír.

Si este boom sigue creciendo, no me quejaré, porque me gusta ver cómo la gente se anima, se ríe de sí misma y se permite ser un poco más libre por un día. Y si de vez en cuando alguien trae un disfraz raro, siempre habrá otro que lo celebre.

Porque de eso se trata: de pasarlo bien juntos. Y sinceramente, ojalá sigamos así mucho tiempo.

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