La sierra de Benicadell, el Levante menos conocido.

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Conocemos el País Valenciano por sus playas. Más allá de sus largos y tranquilos arenales, esta región de España nos ofrece lugares asombrosos, llenos de historia y cultura. Te presentamos uno de ellos: la Sierra de Benicadell.

Con 1.114 metros de altitud, el Benicadell es el pico más alto de lo que algunos llaman la Sierra de Albaida. Que siendo rigurosos, en realidad es la Sierra de Benicadell. Un complejo montañoso que corre paralelo a la costa mediterránea. Allá donde se unen las provincias de Valencia y Alicante.

Esta sierra ha sido siempre el paso interior entre las dos ciudades, debido a que la ruta que la atravesaba, pasaba por algunas de las localidades económicamente más importantes de la región, como Alcoy y Xàtiva. Un paso habitual de mercancías antes de que se popularizara la autopista de la costa.

Esta sierra no es una comarca, sino un territorio natural repartido entre las dos provincias. Una zona en la que encontramos enclaves industriales localizados allí debido a su proximidad a Alcoy y Cocentaina, y una próspera economía agraria de huerta.

Una sierra salpicada de castillos árabes y en la que encontramos municipios como  Albaida, Adzaneta de Albaida, Bélgida, Beniarrés, Beniatjar, Carrícola, Gayanes, Lorcha, Muro de Alcoy, Castellón de Rugat, Otos, Ráfol de Salem y Salem, con una población que oscila entre los 400 habitantes de Salom y los 6.000 de Albaida.

Son pueblos tranquilos, catalanoparlantes, o como les gusta llamarse a ellos, valenciano-parlantes, orgullosos de sus fiestas de Moros y Cristianos y de sus encierros de toros en sus fiestas patronales, los conocidos “Bous al carrer”. Su proximidad a la costa les convierte en un lugar especial donde disfrutar del mar y la montaña en cualquier visita que hagamos a la zona.

Su historia.

La sierra de Benicadell ocupó un papel importante en la conquista de las tierras de Valencia por parte del Cid Campeador. La zona, salpicada de alcázares moros y de torres de vigilancia, puso en serios apuros a Rodrigo Díaz de Vivar. Quien, ya habiendo tomado Valencia, avanzaba en dirección a Elche y Alicante.

Las tropas sarracenas, conocedoras del terreno y gracias a su intrincado sistema de seguridad, sorprendían a las tropas cristianas con emboscadas inesperadas. Con muchos menos efectivos, los moros causaron bajas en el ejército del Cid y lo dejaron empantanado en mitad de la sierra en el invierno que transcurrió entre el 1.096 y 1.097

Fue entonces cuando el Cid pidió auxilio al rey Pedro I de Aragón, quien acudió a socorrerlo junto a su hermano, el infante Alfonso, el futuro rey Alfonso I el Batallador. Las tropas cristianas, superiores en número, arrastraron a los soldados árabes a tierra llana y los sometieron en la batalla de Bairén. Aquel triunfo fue decisivo para el avance de la corona de Aragón hacia el sur de la península. El control de la sierra de Benicadell representaba dominar el paso entre norte y sur a través del Levante.

Curiosamente, el Cid campeador, en su segundo destierro, pasó a alojarse en una fortaleza árabe de la sierra, El Castillo de Carbonera, que reconstruyó para que le sirviera de morada, a él y a sus tropas. Repudiadas por el Reino de Castilla. Este castillo aparece nombrado en varias crónicas de la época con diferentes nombres: Peña Cadiella, Peña Catir, Peña Catel o Peña Cadell.

En esta sierra también encontramos varias muestras de pintura rupestre, localizadas en diferentes abrigos montañosos, como Cova de´l Or, en el municipio de Benimiarrés (Alicante) y el Barranc de Carbonera, próximo a Beniatjar (Valencia). Lo que indica que la zona ya estaba habitada en los primeros años del Neolítico.

Mar y Montaña.

Mi amiga Amparo, que vive en Valencia, y que se alojó durante un fin de semana en La Canal de Salem, un conjunto de 7 casas rurales ubicadas en la falda del monte Benicadell me dijo que una de las cosas que le parecían más interesantes de la zona es que podías practicar turismo de mar y montaña sin desplazarte demasiado.

Una de las actividades más interesantes del lugar son las rutas de senderismo. Aprovechando caminos y vías pecuarias, perfectamente señalizadas, puedes caminar por mitad del monte, recorriendo los senderos que comunican un pueblo con otro. Estas rutas también las puedes hacer en bicicleta de montaña o contratar un paseo a caballo, que organizan algunas empresas de actividades locales.

A 50 o 60 kilómetros en coche tienes las playas de Cullera. Uno de los destinos turísticos más emblemáticos de la provincia de Valencia. En el Faro de Cullera o en la Playa de San Antonio puedes disfrutar de una rica paella junto al mar, tomarte un mojito en alguno de sus chiringuitos de la playa o pasear por el paseo marítimo.

Si tienes un coche a mano y te gusta visitar pueblos pintorescos, la Sierra de Benicadell y el Valle de Albaida te ofrecen pequeños pueblos de montaña, con sus amplias calles cuesta arriba, sus bonitas iglesias de gótico mediterráneo, con la bóveda alicatada con cerámica azul y el castillo árabe en lo alto del cerro en pueblos tan bonitos como Carricola, Beniarrés o Beniatjar.

Uno de los atractivos curiosos de la zona son sus relojes de sol. En 1.988 se hizo un censo de estos elementos y se contabilizaron un total de 120 relojes de sol en los municipios de la sierra. Gran parte de ellos se encuentran en el municipio Otos. Para verlos existe una ruta específica que visita los más representativos.

El legado árabe.

Como sucede con buena parte de la Comunidad Valenciana, la Sierra de Benicadell está ligada a la presencia de los árabes en la zona durante la edad media. Fueron más de 500 años de pertenencia a Al-Andalus y varios siglos más de presencia de población morisca en la sierra.

La web Educacion.press recalca que la huella árabe se percibe ya solo con el nombre de los pueblos y de los accidentes geográficos. El prefijo “Beni”, en árabe “hijo de…” está presente en multitud de nombres geográficos de Valencia: Benicadell, Benimaclet, Benisalem, Benetuser, Beniatjar…

Las técnicas de regadío y la huerta, emblema de Valencia, fueron introducidos en la zona por los árabes. También fueron los primeros en plantar arroz e incorporarlo a la dieta de la población. Platos típicos valencianos como la paella, la horchata de chufa o los turrones provienen de la cultura islámica.

Al-Ándalus dejó huella en la arquitectura tradicional valenciana. El uso de la cerámica pintada  para decorar exteriores e  interiores es un legado directo de los árabes.

Los tejidos valencianos, como podemos ver en la indumentaria que se luce en las Fallas, presentan motivos geométricos típicos de la decoración árabe. En el folclore valenciano hay una influencia innegable de la tradición andalusí, como se puede apreciar en les cançons del rotgle o en las Albaes. Instrumentos típicos de este folclore como la dulzaina y el laúd son de origen árabe.

Cuando el Cid campeador llega a la Sierra de Benicadell, toda la zona está habitada por moros. Pueblos como Abaida, Beniatjar y Salem son fundados por ellos. A pesar de que las tropas cristianas vencen a las islámicas en la Batalla de Bairén, los árabes siguen habitando los pueblos. Aunque pasen a prestar obediencia a los cristianos. Doscientos años después de la conquista del Cid, Jaume I repuebla la sierra de Benicadell y la comarca de la Rivera del Xúquer con colonos catalanes. Para reforzar la presencia cristiana en la zona. Se inicia, en ese momento, siglos de convivencia entre comunidades de diferente origen.

La gastronomía.

Un detalle que no podemos dejar pasar si vistamos la Sierra de Benicadell es probar su rica gastronomía. Los habitantes del Valle de Albaida, al costado de la sierra, se sienten orgullosos de proclamarse como inventores de uno de los más ricos manjares de la gastronomía valenciana: el arroz al horno. Un arroz que se hacía con los restos del cocido y al que se le daba un último golpe de calor en los hornos de las tahonas.

En los pueblos de la sierra es habitual cocinar en invierno una paella de arroz con habas y alcachofas. Así como una paella de verduras con acelgas y espinacas, o un arroz seco con nabo y judías. Otro de sus platos típicos es el arroz caldoso con conejo.

Aparte de los platos de arroz, la web oficial del ayuntamiento de Atzeneta de Albaida destaca la tradición repostera de la sierra.

En Navidad es habitual que en las casas se elaboren las croquetas de almendra, los pasteles de boniato, los  carquinyols y los rollitos de huevo. Los cuales se llevan a la tahona del pueblo para ser horneados.

Para la festividad de todos los santos se hacen las “Hogazas de calabaza” y las “Hogazas de almendras y nueces” y para Pascua se elabora la “Mona de Pascua”, muy diferente a la mona de Cataluña. En este caso se trata de un bollo dulce redondo, con huevo duro en el medio.

Para turistas y forasteros, la Sierra de Benicadell nos ofrece una visión diferente de Valencia.

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