El tantra no es lo que te han contado

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Cada vez que sale el tema, veo las mismas caras… risitas, miradas incómodas, comentarios medio en broma. Y siento mucha rabia. Porque no, no tienes ni idea de lo que estás diciendo. Y no es culpa tuya, es que nos lo han vendido mal. Muy mal. Y la tele tiene mucha culpa.

Hoy en día lo sexualizamos todo, pero que no sabemos nada de lo que es la intimidad. Consumimos cuerpos, pero no sabemos sentirlos. Corremos para todo, incluso para lo que debería ser lento. Y, en algo tan básico como el sexo, que es tan natural como el comer, para los humanos, hablar de algo como el Tantra se vuelve vergonzoso… No lo entiendo

Pero yo te voy a hablar claro. El tantra no es una postura del Kama Sutra, ni algo que puedas probar a ver si te gusta un día. Es entender el cuerpo, la energía, la conexión… y la vida entera. Esto es filosofía de vida… Hay todo un mundo detrás de esto y, cuando lo entiendes, te cambia por completo la visión.

Así que, si te pica la curiosidad, quédate. Pero te aviso: esto no va de lo que crees. Esto es algo que necesitamos todos mucho más de lo que imaginamos.

 

¿Qué es realmente el tantra?

El tantra no es sexo lento, ni técnicas raras para aguantar más en la cama. Eso es una simplificación absurda de algo muchísimo más grande. El tantra es una filosofía de hace ya miles de años que nació en la India, y que busca la conexión total entre cuerpo, mente y energía.

Sí, incluye la sexualidad, claro que sí. Pero no como la conocemos nosotros. Ni como algo rápido, automático, ni centrado en conseguir placer. El tantra entiende el cuerpo como un canal de energía, y la sexualidad como una forma de expandir esa energía, conectándola con la pareja.

El tantra empieza en cómo respiras, en cómo te sientes, en cómo te relacionas contigo. Si tú no estás conectado contigo, no puedes conectar con nadie, eso es básico, pero no lo entendemos. Encima es algo que ahora pasa muchísimo. Vamos completamente desconectados de nosotros mismos, y queremos tener relaciones profundas con los demás. Eso es imposible.

El tantra es estar en el presente. Sintiéndolo todo, sin dejarte dominar por la mente, silenciar la mente y escuchar el cuerpo. Conseguir esto es muy difícil…

 

El problema es que no sabemos sentir

No, no sabemos sentir. Es así. Nos han enseñado a memorizar, a sobre pensar, a producir, a reaccionar a todo y a cotorrear como loros… pero no a sentir. Y si lo hacemos así todo, también lo hacemos en la intimidad.

Estamos acostumbrados a hacerlo todo rápido. Comer rápido, hablar rápido, vivir rápido… y también relacionarnos rápido. Buscamos placer inmediato. Y claro, eso de pararse a sentir… ¿eso qué es?

Realmente no nos conectamos cuando tenemos relaciones íntimas. Nuestros cuerpos se tocan, pero no estamos presentes. Y luego nos preguntamos por qué no nos llena, por qué nos sentimos vacíos, por qué necesitamos más y más cosas, distracciones, caprichos…

Si pruebas esta disciplina, ten por seguro que, te va a obligar a parar. A sentir y escuchar tu cuerpo. Te vas a sentir incómodo, te lo aseguro, por que no estás acostumbrado. Pero, si haces el esfuerzo y lo consigues, no vas a querer volver atrás. Esto es como nacer de nuevo.

 

La energía está en nosotros, aunque no la veamos

Esto ya lo sabían los asiáticos desde hace miles de años, pero a nosotros nos cuesta bastante entenderlo. El tantra trabaja con la energía del cuerpo, que está ahí, y cuando puedas parar la mente y sentir, te darás cuenta.

¿Nunca has sentido conexión con alguien sin tocarle? ¿Nunca has notado tensión en una habitación sin que nadie diga nada? ¿Nunca has soñado con una persona en concreto y el sueño se ha llenado con su presencia? Eso es la energía, y podemos sentirla.

Esta disciplina, te enseña a mover esa energía, a expandirla y a sentirla recorrer tu cuerpo. Y, lo más complicado, es que tienes que tratar de mantener esa energía viva y en movimiento, todo el tiempo que te sea posible.

Te aseguro que esto conseguirá un cambio muy profundo en ti y va a convertir en oro puro la experiencia de vivir.

 

Volver a estar presentes en nuestro cuerpo

Vivimos tanto en el mundo mental, que solo nos acordamos del cuerpo cuando tenemos hambre, nos orinamos, o nos duele algo. Mientras estamos mascando pensamientos sin control, o distrayéndonos viendo cualquier cosa de la tele o del móvil que nos aísla por completo de quienes somos. Lo tratamos como un vehículo, no como si fuésemos nosotros.

El tantra te obliga a volver al cuerpo. A habitarlo y sentir cada parte, cada respiración, cada sensación. Puede que pienses que sería bonito, pero te aseguro que esto es bastante incómodo. Porque, por sentir, lo vas a sentir todo.

Tensiones, bloqueos, emociones… todo lo que estaba ahí acumulado y no sentías. Y cuando pares y le prestes atención, va a salir.

A través de la respiración, del movimiento, del tacto… el tantra te enseña a reconectarte contigo mismo.

 

La conexión con la pareja

Esto es lo que todos habías pensado que era el tantra, ¿verdad? Pues, más bien, esto es lo que pone a prueba todo lo anterior. Primero tienes que aprender a estar contigo y a sentirte a ti, y luego a los demás, porque, si no sabes sentirte… lo que vas a compartir con otra persona es el ruido de tu propia mente… necesidad, expectativas, es querer llenar algo que ni tú entiendes.

Y esas son las relaciones actuales. Relaciones donde parece que estás conectado con tu pareja, pero en realidad cada uno está en su propio mundo. Pensando en hacerlo bien, en gustarle, en cumplir, en llegar a un sitio… en proyectar una imagen o una expectativa que creas que le guste. No estamos presentes. Por eso es imposible que nos conectemos de verdad.

En el tantra, la pareja deja de ser un compañero de vida y pasa a ser alguien con quien compartir presencia. Como hemos dicho, esto implica parar. Implica mirarse de verdad, sin hablar, sin esconderse detrás de nada, sin ego, sin máscaras… Implica mostrarse tal cual uno es. Y eso es impensable para muchos.

Se trabaja muchísimo la mirada, y no una mirada rápida de esas que lanzas sin pensar. No. Mirar de verdad. Mantener la mirada. Sostenerla. Y ahí empiezan a salir cosas. Incomodidad, risa nerviosa, incluso ganas de apartar los ojos. Porque no estamos acostumbrados a que nos vean. Y mucho menos a ver al otro sin los filtros y expectativas de nuestra mente.

Algo fundamental es respirar conjuntamente. Dos personas respirando al mismo ritmo, sintiendo cómo el otro se mueve, cómo entra y sale el aire… conecta muchísimo. Así conseguimos sincronizarnos y estar habitando a la vez en la vida.

Y el tacto… el tacto consciente lo cambia todo. Tienes que sentir y recorrer el cuerpo del otro. No hay objetivo, es disfrutar del momento presente, de sentir el calor de las manos de tu pareja acariciándote, sentir la suavidad de su piel… Es algo mucho más profundo, que genera sensaciones que nunca has experimentado de verdad.

Cuando consigas de verdad llegar a esto, ya me cuentas si habías sentido algo parecido alguna vez.

 

Ejercicios básicos para empezar

Aquí mucha gente se bloquea pensando que necesita saber mucho, tener experiencia o hacer cosas raras… y no hace falta, créeme. El tantra puede no ser fácil, pero todo el mundo puede aprenderlo. Maite Domènech, nos lo va a explicar a la perfección:

Tienes que reaprender a respirar. Para eso, necesitas sentarte, cerrar los ojos y centrarte solo en hacerlo. En cómo entra el aire, en cómo sale, en cómo se te llenan los pulmones y se mueve la barriga. No te distraigas. Prueba y luego me cuentas cuánto aguantas sin que tu cabeza se vaya a otra cosa.

Luego está el tacto contigo mismo. No, no pienses en nada sexual. Solo significa reconectar con tu cuerpo, tocarte los brazos, el pecho, las piernas… con atención a lo que haces. Solo sintiendo y notando la temperatura, la textura y las sensaciones. Todo para volver a ti.

Otro ejercicio es más meditativo. Tienes que tumbarte, cerrar los ojos e ir pasando tu atención por cada parte del cuerpo. Desde los pies hasta la cabeza. Notando tensiones, zonas dormidas, pasarla absolutamente por todo tu cuerpo.

Y si tienes pareja, el ejercicio de la mirada te va a sorprender. Tenéis que sentaros frente a frente, sin hablar, sin distracciones, y miraros a los ojos durante unos minutos. Al principio te vas a reír, a incomodar, y va a parecer que estáis haciendo el ridículo. Pero si aguantas… empieza a pasar algo. Empezarás a ver a tu pareja de verdad y a sentir que ella te está mirando por primera vez.

 

El miedo y los prejuicios

Esta disciplina no es algo fácil, porque toca temas humanos que a muy pocos nos gustan…

En el tantra tenemos que mostrarnos tal como somos y eso nos da miedo. Nos han enseñado a controlar, a aparentar, a protegernos nuestra verdadera esencia. A no enseñar demasiado, a no sentir demasiado, porque así en la sociedad no se puede vivir. A todo el que se expone demasiado o se sale del tiesto le dan muchos palos. Y el tantra viene y te dice: “todo eso fuera, porque no es tuyo”. Y te deja completamente desnudo y sin mecanismos de defensa.

 

Lo que puede cambiar en tu vida

Te lo digo directamente, el tantra es volver a nacer. Tu crees que eso es imposible, pues te digo que tú nunca has vivido de verdad. ¿Recuerdas esa sensación de paz extraña de cuando éramos pequeños? ¿Esa felicidad genuina? Esas emociones que no nos guardábamos y salían inmediatamente, sin vergüenza, sin “qué van a pensar los demás” … Todo eso se consigue con el tantra.

Vas a empezar a sentir cosas pequeñas que antes pasaban desapercibidas. Una respiración, un roce, un momento de calma… Todo eso empieza a hacerse consciente. Ves las cosas de verdad, como si hicieras zoom. Cosas que antes veías casi siempre borrosas, ahora las notas, las enfocas. Ves los colores más vivos… Es como si, de repente, despertaras de un sueño al mundo real.

También cambia tu relación contigo mismo. Y empiezas a escucharte más, a entender qué te pasa, a saber, de dónde viene esa incomodidad asentada al estómago que te había acompañado durante mucho… Hay más conciencia.

En las relaciones, el cambio es brutal. Hay más presencia, más comunicación auténtica, menos prisa. Ya no hay parloteos superficiales para llenar el silencio, ya no hay tantas quejas, ni tantas críticas… Todo es más profundo y espiritual.

Esto es algo que te puede pasar y, es una advertencia… Puede que si llevabas relaciones que no te llenaban, pero tenías miedo de abandonar, acabes sintiéndolo todo mil veces más insoportable en tu interior, y termines separándote de ellas. Lo mismo pasa con trabajos que no son para ti, con lugares que frecuentabas por obligación… Hacerlo todo consciente significa eso, y puede acabar por suceder una ruptura con tu antigua vida.

Pero, aunque de miedo, esto es lo mejor que te puede pasar. Porque te hace salir de lugares malos para ti, que pueden enfermarte a la larga… Confía en el proceso. Si algo te hace daño y lo dejas, no estás perdiendo nada realmente.

 

Tenemos que reaprender a sentir

Reaprender a sentir muchas veces es incómodo y da miedo, sí. Pero tenemos que admitir, que la manera de vivir que estamos teniendo no nos llena nada, o solo superficialmente… Muchas personas se dan cuenta de esto demasiado tarde, otros pronto, pero no saben como sentir de verdad y llenar el vacío.

El tantra es una respuesta a todo eso… es como volver a casa. Pienso que algo como esto vale la pena más que cualquier cosa… Porque, al fin y al cabo… El tantra es vida.

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